Javi: Hola amigos. Mi problema es que mis vecinos han escogido el domingo por la mañana para realizar el acto sexual y no me dejan dormir, les golpeo en la pared pero hacen caso omiso. ¿Qué consejo me dais?
Querido Javi:
Vamos a ver qué consejo puedo darte para dejar de oír la melodía de la pasión de tus vecinos. Yo diría que poco vas a poder hacer para evitarlo. Los dichos populares recogen la sabiduría de siglos sobre este tema. Te muestro dos ejemplos traídos así a bote pronto: “La jodienda no tiene enmienda” y “cuando las ganas de joder aprietan, ni las tumbas de los muertos se respetan”. Y añado “quien bien come, y pee fuerte, le enseña los cojones a la muerte”. Que no tiene nada que ver, pero también te será de ayuda, para otros menesteres.
No nos desviemos de tu cuestión: tus folladores vecinos. Bien, Javi. Golpear en la pared no servirá para nada si lo que deseas es que detengan su fornicio. Para conseguirlo es sabido que resulta mucho más útil golpear a los propios copulantes en los mismos genitales o en la base del cráneo. Y además, creo que estás errando en el timing. Golpear mientras hacen el amor no surtirá efecto. Apenas oirán nada, entre sollozos y jadeos. Y si escuchan golpes repetitivos, pensarán que se trata del mismo repiqueteo de sus partes blandas. Incluso puede que les ayude a seguir el ritmo. En definitiva, les hará follar más y mejor. Prueba después de que hayan acabado. O antes, si eres capaz de anticiparte, quizá por el olor.
Y ahí va un último consejo en el caso de no conseguir llevar el tema de los golpes a buen puerto. Quizá no se te haya ocurrido llamar a su puerta en un momento en que no se les oiga abarraganarse, y cuando te abran decirles lo siguiente: “Buenos días, queridos vecinos. ¿Serían tan amables de practicar el coito el (día de la semana) de (hora de inicio) a (hora de final)? Gracias”. Escoge un día y hora que te vaya bien, no seas cretino y pactes con ellos el amancebamiento el domingo por la mañana, que es lo que hacen ahora, y que parece ser que te resulta molesto. Quizá sólo se trataba de pedirlo educadamente.
Porque ¿probar a hacerlo tú también a la misma hora, para contrarrestar, no se te ha ocurrido? (también valdría masturbarte muy fuerte).
.
Paula: Hace unos días el hijo bajito y cabrón del vecino me dio un pelotazo cuando yo pasaba por la calle, hoy lo ha vuelto a repetir. Tengo sed de venganza, ¿alguna idea sobre cómo llevarla a cabo?
Querida Paula:
Mi primera reflexión es que algo le habrás hecho. Cuando un niño le mete un pelotazo a un adulto a cosa hecha, debe tener motivos muy sólidos para hacerlo. Piensa que por lo general los niños son tan o más cobardes que los adultos y tienen un instinto de supervivencia aún más agudizado. Saben que en una pelea les vencemos con facilidad, de modo que se guardan mucho de atacarnos abiertamente. Así que cuando un niño le mete un segundo pelotazo a un adulto, como tú nos cuentas, es necesario empezar a preocuparnos. ¿Qué le has hecho al niño, Paula? ¿Debemos denunciarte a las autoridades? ¿Por qué tanto odio?
Y hay algo más. Cuando te refieres a él como “bajito y cabrón” me asalta una duda. ¿Por qué razón le llamas bajito? Es un dato redundante si se trata realmente de un niño, ya que todos lo son. Paula, plantéate seriamente si no tienes un problema con un vecino enano, probablemente futbolista.
