Wilhelm: Me duele la cara de ser tan guapo. ¿Hay alguna solución para paliar el dolor?
Ey Wilhelm, cómo me gustaría que te llamaras así de verdad. Pero qué va, seguro que te llamas Monachel, Napo o Concordance. Algún nombre díscolo.
Ahora estoy leyendo un libro clásico del psicoanalista Wilhelm Reich que me recomendó Carlo Padial: Análisis del carácter. El auténtico Wilhelm diría que tú energía orgónica (?) no está fluyendo por tu cara como es debido, que necesitas experimentar una buena corrida para quebrar esa máscara calcárea. Un orgasmo inducido por sus sabios dedos de analista demente. Reich provocaba orgasmos a sus pacientes introduciéndoles los dedos en el ano, Digitus Bifurcata, así había bautizado a su técnica. No importaba que fuesen hombres o mujeres, siempre les metía los dedos por el culo. Y no sé qué les hacía ahí dentro, qué teclas raras presionaba, que les sobrevenía un orgasmo cuyos reflejos musculares les retrotraían al estadio de la medusa, sí, sí, a cuando éramos medusas, así se sacudían en el diván… Those were the days, ¿eh? Los llevaba muy lejos. Y después de eso se quedaban como nuevos. Podían volver a sus casas ese mismo día, incluso podían cenar en un Vips. Aquella experiencia les dejaba una sonrisa imborrable, un rictus dolorosísimo. Los monstruos del profesor Reich, les llamaban: “Por ahí va un monstruo del profesor Reich”, decían, “Mira esa sonrisa macabra, esa mueca terrible… Me da miedo, Mariel, vámonos de aquí CAGANDO LECHES”.
