CvG: Cuando cuento un chiste nunca hace reír tanto como cuando me lo contaron. Necesito ayuda.
Hola CvG,
Por tu nombre no podemos saber si eres un hombre o una mujer. Si eres una mujer la respuesta a tu pregunta es muy sencilla. Si por el contrario eres un hombre puede haber más motivos por los que al contar un chiste no consigas arrancar una sonrisa en los presentes. Es muy importante saber hacer uso de la importante herramienta social que es el chiste, así que vamos a analizar algunas situaciones.
1. El chiste no es el adecuado
Puede ser que el chiste que te contaran te hiciera reír a ti pero eso no quiere decir que el chiste sea gracioso. Hay chistes que no son graciosos. Por tanto, por bien que se lo expliques a otras personas nunca hará gracia. Esta situación es deseable porque no implica que seas malo contando chistes: es el chiste el que falla, no tú como cómico. Es probable que tengas dotes cómicas pero necesitas seleccionar mejor tu material. Lo que sí implica, y eso puede ser preocupante, es que siempre que te cuentan un chiste te ríes. Puede que incluso te rías siempre que te están diciendo algo cuando es serio, por eso cuando se lo explicas a otras personas no se ríen. ¿También das palmas? ¿Se te cae la baba? ¿Qué has comido? ¿Va a llover? Deja de tocarte la zona genital, por favor.
2. El interlocutor no es el adecuado
Quizá tú tienes dotes cómicas e incluso has seleccionado bien el material… pero no has seleccionado bien el momento. Entonces el chiste y tú estáis destinados a fracasar. La técnica del chiste no depende únicamente de la técnica en sí, sino también del contexto. Hay que escoger el momento en el que explicar el chiste con la sutileza de un poeta. El chiste es una herramienta social y debe ser usada como tal. Cuando queremos contar un chiste es necesario calcular riesgos, porque los beneficios pueden ser muy altos (triunfo social) pero el precio a pagar también puede serlo (ostracismo). Como no todo el mundo tiene la sensibilidad adecuada para escoger el momento en el que soltar le mot juste, he aquí un listado de situaciones con su correspondiente valoración de la conveniencia o no de explicar un chiste.
a. Entrevista de trabajo: POCO ADECUADO
Aunque los beneficios pueden ser muy altos (caerle bien al futuro jefe y ser contratado como “graciosillo de la oficina”) los riesgos lo son más aún (ser echado a patadas). Hay que ser un experto para manejar bien el chiste en una situación tan delicada como esta.
b. Reunión laboral: MODERADAMENTE ADECUADO CON TENDENCIA A SÍ
En el contexto de una reunión laboral sólo hay que contar el chiste al arrancar la reunión y cuando está a punto de finalizar. No es seguro que vaya a funcionar pero te ayudará a situarte en un podio: “es una reunión de trabajo pero estoy relajado, soy el dueño de la situación”. En todo caso, aquí no es tan importante contar tú el chiste como reírse muchísimo si otro cuenta un chiste. Si es un superior es aconsejable reírse tanto que se te salga algún órgano interno por algún orificio. Ensaya delante del espejo cómo expulsar tu bazo por la boca de pura risa.
c. Funeral: MODERADAMENTE ADECUADO CON TENDENCIA A NO
En un contexto como este el chiste debe ser explicado a susurros y sólo a algunos elegidos. Y estos elegidos es mejor que no sean familiares directos del difunto. Si no lo son (si a lo mejor sólo se conocen de haberse cruzado en la cola del pan) el chiste puede funcionar como una válvula de escape ante tanta tensión acumulada. En ese caso triunfarás por malo que sea el chiste. Pero el ambiente en un funeral es tan íntimo, tan cargado de sutilezas y emociones, que es mejor ser un experto en la técnica del chiste para atreverse. No lo aconsejamos. Siempre será más efectivo sustituir un chiste por frases como “aquí huele a muerto” o hacerle perrerías al cadáver como sacarle la chorra o “jugar a José Luís Moreno”.
d: Bar: SÍ
Sin duda alguna, es el mejor contexto para contar un chiste. Los interlocutores son adecuados casi siempre. La ingesta moderada de alcohol siempre ayudará a redondear un chiste imperfecto, maximizará tus aptitudes cómicas y hará que el interlocutor siempre sea receptivo. Cuando la ingesta de alcohol se traslade a un domicilio particular puedes sustituir el chiste por algún vídeo de Youtube como “el gordo se parió la jeta XD” o “Edgar se cae”. Con Internet la artesanía del chiste está desapareciendo y es una lástima, pero las nuevas tecnologías han venido para quedarse y es inútil darle la espalda a todo esto.
e: En Cataluña: NO
Si el chiste no es necesario explicarlo en catalán y no hay ningún catalán en la sala (compruébalo lanzando alguna moneda al suelo) puedes hacer una excepción a esta regla.
f: Durante el sexo: NO
Durante el sexo, un chiste es como un pedo. De hecho un chiste es como un pedo en muchos contextos. “¿Debo contar un chiste ahora?” puede ser equivalente a “¿Puedo tirarme un pedo ahora?”. La respuesta es la misma en la mayoría de casos. Aunque, claro está, si la naturaleza llama…
3. La cantidad de alcohol no era la adecuada
Ya hemos hablado del alcohol en el punto anterior, pero su importancia y vinculación al chiste es tan importante que merecía un capítulo propio. El consumo poco moderado de alcohol es, muchas veces, una solución a muchos problemas vinculados con el aislamiento social. Y así lo es también el chiste. Como hemos dicho, es una herramienta social que te permitirá vivir en sociedad, ganarte a los tuyos, hacer amigos, encontrar pareja… Pero sólo si se usa adecuadamente, como el alcohol. Por eso mismo, escoger emborracharse en determinados momentos puede ser peligrosísimo del mismo modo que lo es contar un chiste en determinados momentos (ver punto anterior). En general, las personas que beben demasiado son tan poco valoradas como las personas que explican chistes a cada minuto. Exacto, como tu cuñado.
Durante el proceso de ingesta de alcohol comprobarás que la euforia te empujará a intentar contar un chiste. Aprovecha ese momento, el éxito está asegurado. Cuando tus contertulios se rían de tu vis cómica te sentirás halagado y eso te empujará a consumir más alcohol. A partir de ese momento tu coordinación psicomotriz no será la adecuada para ejercer la técnica del chiste adecuadamente y estarás destinado, una vez más, al ostracismo. He hecho una infografía con el Excel que te ayudará a entender el proceso.

Como verás, la “zona de balbuceos” es poco adecuada para contar chiste, tú no estarás en condiciones de contarlo y tus contertulios tampoco de entenderlo, te pediría que no hagas uso del bello arte del chiste en esa “zona”, pero llegado el momento no lo recordarás.
4. Los protagonistas del chiste no eran adecuados
Tienes una cartera de chistes adecuada, el contexto es adecuado y tanto tú como los interlocutores habéis bebido moderadamente. Cuentas el chiste y no funciona. ¿Qué ha podido ocurrir? Has vestido poco el chiste. Para ello debes convertir al protagonista del chiste en cualquiera de las cosas que viene a continuación, gratuitamente y sin venir a cuento. No importa, hazlo.
-Mariquita.
-Gitano.
-Loco.
-Un caballo.
-Un alemán.
-Un inglés.
-Un francés.
-Un español.
-Guardia siví.
*Pueden (y es conveniente) combinarse a gusto de cada cual. Ejemplo: “Un guardia siví se encuentra con un inglés y un gitano mariquita y…”. ¿Lo ves? El camino está medio hecho si escogemos los protagonistas adecuados.
Conclusiones
Como habrás visto, hay muchísimos elementos a tener en cuenta antes de ejercer el noble arte de explicar chistes. Llegados a este punto quisiera aclarar lo que he dicho en el punto uno. Habrá podido parecer que he desdeñado grandèment al decir algo así como “si eres mujer, no hace falta que te explique por qué tus chistes no hacen gracia porque no hacen gracia precisamente por eso, porque eres mujer”. Y lo he dicho así, de manera velada, como intentando hacerme el graciosillo. Bien, no era la intención. Esta página no es un contexto adecuado para contar chistes sino que se rige por el rigor de más alto nivel.
Como he explicado, el chiste es una herramienta social. Un mecanismo que la naturaleza ha ido perfeccionando en el hombre (en el macho) a lo largo de millones de años y evolución natural. ¿Necesitan las mujeres esa herramienta social? Por supuesto que no, las mujeres disponen de un amplio abanico de mecanismos para atraer la atención sobre ellas, de ahí que no dispongan de esa capacidad del mismo modo que sus ventosidades no huelen porque no necesitan marcar el territorio porque para eso ya disponen de una mirada penetrante cargada de significado. Por más que lo ame, el noble arte del chiste no es más que un parche, un remiendo, que la naturaleza ha puesto en disposición del varón como mecanismo compensatorio ante sus propias carencias físicas y mentales.
