PatriciaJett: ¿Cómo le dices a un chico que es demasiado feo?
Querida PatriciaJett:
Gracias por esta pregunta. Los que somos feos agradecemos un poco de tacto. Es lo que se conoce como “la paradoja del feo”: pedir tacto a la gente cuando, precisamente, tacto es lo que nos falta, en la zona de las manos, debido a ciertas fricciones (*). Precisamente, por el hecho de ser feos. Puede parecer complejo, pero Stephen Hawking tiene un tratado al respecto: “I’m ugly, but I’m a machine in bed… (And in the kitchen… And everywhere else)”. Aquí se tradujo como “Movida en el cosmos: investiga como puedas!”.
No das suficientes datos sobre tu situación. Quiero decir: si ves a un chico feo por la calle, no hay necesidad de acercarte y decirle: “Oye, eres muy feo”. De verdad. Y mucho menos acercarte y tocarle con un palo, mientras gritas: “¡Hahaha! ¡Mirad! ¡Es diferente!”. Programas como Gran Hermano han dado un valor a la sinceridad que no es el apropiado: “Mira, yo voy con la verdad por delante, Charo, así que te lo digo: eres una fulana”. Cuando Charo, igual, estaba haciendo una tortilla, en la cocina. Ojo, no quiero decir que Charo no sea una fulana. Si está en Gran Hermano, es muy probable que lo sea. Pero no hay necesidad de ser sincero todo el rato. Yo no voy por los sitios, acercándome a alguien por las buenas y diciendo: “Oye, mira, Elena, creo que eres retrasada”? Además hasta quizá hasta sea anticonstitucional.
Aclarado esto, vamos a asumir que tienes un motivo real para decirle a un chico que es demasiado feo. Por lo que sea. Los feos somos personas. Al menos, un alto porcentaje de ellos. Por ello agradecemos que, llegados a este punto, vosotros los guapos nos lo digáis con mucha delicadeza. Aunque en tu pregunta no dices en ningún momento que quieres decírselo con delicadeza. Tampoco das datos de qué rasgo es el que hace feo a ese chico, así que te dejo una serie de frases, separadas por taras físicas, para que puedas llamar “feo” al chico sin herir sus sentimientos, ordenadas de más delicadeza a menos.
Si es calvo:
- Señala su calva y dile: “Hostia, aquí debe ser donde los piojos vienen al skating!”
- Mueve sus manos alrededor de la cabeza, como una pitonisa, mientras dices: “Futuro, futurooo!”
- Pedirle un autógrafo por su papel en Cocoon.
Si es muy peludo:
- “¿Has considerado en afeitarte la palabra ‘Bienvenido’ en la espalda?”
- “¡No te muevas! ¡Tienes un mapache en la espalda!”
- “Eres muy agradable. Hizo muy buen trabajo contigo, César Millán”.
Si tiene los ojos saltones:
- “Lo siento, no me relaciono con nadie que tenga los ojos más grandes que mis pechos”. (Esta frase pierde efectividad si la dice Bebe).
- “Ahora entiendo la expresión “las órbitas de los ojos”. Tienes legañas flotando alrededor de tus glóbulos oculares”.
- “¿Tu cara no fue un día uno de esos logos tuneados de Google?”
Si tiene las orejas grandes:
- “Oye, tengo dos amigas de Erasmus en Dublín, y sospecho que están criticándome. Tú puedes oírlas, ¿no?”
- “He visto una tuneladora en la calle. Veo que al final has decidido hacerte el piercing”.
- Señálale las orejas, mientras gritas: “¿Alguien ha pedido dos entrecots poco hechos?”.
Si sufre obesidad:
- Acércate, levántale la camiseta, y hazle pedorretas en la barriga.
- “Te pago una copa. Una Copa C, talla 120”.
- “No es por ti, es por todo el follón que has montado con Megaupload”.
Si tiene una nariz grande:
- Acércate a sus fosas nasales y grita: “Eeeeecoooooo!”.
- “Pensaba que el de la Muralla China era el único tabique que se veía desde el espacio”.
- “¡A ver, no te muevas! Creo que tienes algo en la nariz… Sí, sí: es un minero chileno”.
Si es feo, en general, por infinidad de taras físicas:
- Pedirle un autógrafo por su interpretación de “virus” en Érase una vez… La vida.
- “¡Va, venga, llevas dos horas con esa cara, estornuda de una vez!”
- “¡Hostia! ¡Tú eres el de Papanatos!”
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(*) pajas.